19/7/10

Amor


"La única respuesta al Mal que ha funcionado es la de Jesús o la de Aliosha Karamazov; la de llevar una vida de amor. Esto significa lo que siempre ha significado: visitar al enfermo, dar al pobre, ayudar a los que lo necesitan."

Jeffrey Burton Russell

27/5/10

1948 y la revolución que Raúl Scalabrini Ortiz supo reclamar

El año en que Scalabrini Ortiz reclama una revolución. En un texto esencial, silenciado para construir un intelectual funcional a los intereses del progresismo de champagne y canapé, Scalabrini plantea la necesidad de una revolución que no será.

Han transcurrido tres años desde que Raúl presenció el espectáculo de masas que describió como el "subsuelo de la Patria sublevado". En efecto, desde el 17 de octubre de 1945, mantiene la sincera convicción de que la Historia se ha plegado en una bisagra que delimitará un antes y un después.

El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 había liquidado trece años bochornosos de fraude y corrupción, pero aún no se decidía a inaugurar un ciclo de participación popular en las grandes cuestiones nacionales. Hasta que un Coronel que presiente los acontecimientos -como quien oye el bramido de una avalancha- se pone al frente de una etapa en la que el Pueblo asciende al estrado, y se convertirá actor por vez primera.

Ahora, a dos años del triunfo de Perón, cree que debe decir todo lo que sabe sobre los responsables de la postración argentina. Lo dirá sin medir riesgos ni calcular costos, como lo ha hecho siempre desde la hora de FORJA, hasta que el ostracismo al que lentamente será condenado lo mate en el año de 1959.

Desde la crisis global del capitalismo que llevó a la guerra interimperialista más sangrienta de la historia, han surgido voces calificadas, pidiendo una revisión de los dogmas de la sociedad de mercado y consecuentemente, la reescritura de las constituciones, para incluir en ellas la cuestión social.

Raúl también va a exigir que el Justicialismo replantee la Carta Magna de 1853 y se disponga a hacer jurar una que asigne al Pueblo un protagonismo excluyente. Propone embestir contra la propiedad privada entendida como facultad cuasiabsoluta de los poderosos y limitar la injerencia del capital extranjero, porque allí encuentra la causa central del sometimiento y la expoliación del país.

La conferencia que la Editorial Reconquista publica este año de 1948 se titula "La nueva y la vieja Constitución. El Capital, el Hombre y la Propiedad". Raúl propone discutir sin más rodeos el mito de la intangilibilidad de la norma suprema jurada hace 95 años. Es un instrumento diseñado para convalidar privilegios, porque "aherroja la libertad de acción del pueblo argentino". Un estado de rebeldía "tenaz contra la estructura invisible" se incuba en el "espíritu del hombre argentino". Perón ha intuído este estado en el ánimo del pueblo, por lo que va a promover una revolución a través de la reforma constitucional reclamada.

Scalabrini Ortiz se esfuerza en todo momento, a lo largo de toda su obra, para señalar que las soluciones para los problemas nacionales deben atender a los reclamos populares, tanto los exteriorizados como aquellos que es preciso deducir mediante la observación sutil y amorosa de las masas. Este movimiento de reforma de la constitución no es más que la "vindicación de los derechos que debieron amparar al hombre argentino del siglo pasado y del siglo presente, cuya humillación y aniquilación ha mantenido en constante palpitar el canto sencillo e inmortal de José Hernández".

En un discurso de Perón, pronunciado en la Confederación de Empleados de Comercio el 25 de octubre del mismo 1948, encuentra Raúl líneas comunes con los conceptos que él volcara en 1931 cuando publica "El hombre que está solo y espera". No le sorprende la similitud, "pues ambos la hemos leído en el mismo texto carnal, en los repliegues más íntimos del corazón argentino". Y -retrocediendo aún más- va a hallar en el pensamiento de Mariano Moreno ideas liminares que se unen en un hilo conductor común.

En efecto, estos son los caracteres que conectan el pensamiento de los citados:

a) los pueblos deben fiarse sólo de ellos mismos, ya que frente al inversor extranjero se recomienda extrema cautela y no incurrir en el error, advierte Moreno, de "aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas en medio del embelesamiento que les habían producido chiches y abalorios";
b) impedir la concentración de riquezas ya que las mismas "no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil", siempre en el consejo moreniano;
c) animarse sin titubeos a construir un Estado fuerte y decidido a protagonizar el rol de regulador de la economía, capaz de imponer límites y encauzar energías en pos del bien común, aunque en los hechos implique que algunas minorías resignen privilegios ilegítimos en términos de las necesidades del Pueblo y la nación.

Estas tres grandes ideas motrices deben de guiar a todo gestión de gobierno democrático. En un párrafo que merece consignarse íntegro, Raúl resume hasta aquí su mensaje liberador:

"Las preclaras ideas de Mariano Moreno que borbotean en algunos discursos de su hermano Manuel, en algunos párrafos y en algunas intenciones de Dorrego, en el instinto certero de los caudillos federales y en algunos relámpagos de inspiración de Juan Manuel de Rosas, caen definitivamente abatidas por las ideas que propiciaba el extranjero en aquel cónclave de constituyentes de 1853, que de ninguna manera expresaban la voluntad del Pueblo de la Nación Argentina".


Una Constitución al servicio del extranjero

Juan Bautista Alberdi publica en 1854, a dos años de Caseros, su "Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina", con el objeto de sugerir una interpretación útil de las normas de la Constitución jurada un año antes.

La utilidad consistía en facilitar la integración del país al comercio mundial; en entregar a los gobernantes un manual de uso para consolidar las relaciones de la República con Inglaterra y sus socios menores.

Así, defenderá el librecambio como el sistema que supera en ventajas al mercantilismo y a todas las variantes del socialismo. En la Parte II, Alberdi aborda el tema de la distribución de la riqueza y lo hace para afirmar que ella opera con más efectividad y equidad cuando el Estado no le impone reglas. Por ello, el progreso vendrá de los gobiernos que se abstengan de intervenir o lo hagan en grado mínimo en los mercados, mientras fomentan vigorosamente el ingreso de capital extranjero, al eliminar trabas y condiciones para su establecimiento.

Raúl advierte que no podrían determinarse "antítesis más opuestas que las opiniones de Mariano Moreno y de Juan Bautista Alberdi". Toda la inteligencia alberdiana tiene un objetivo excluyente y a él se sacrifican asuntos no directamente relacionados con lo económico. Así, menciona: "El legislador no debe olvidar que la libertad religiosa tiene un fin económico en la República Argentina: es dirigida a poblar el país del poblador más útil a la libertad y la industria, el poblador disidente anglosajón y alemán de raza".

El autor de "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" se escandaliza ante el espectáculo de un país ubérrimo sometido a los caprichos del dinero extranjero: lo que ocurrió entre 1853 y 1945, "con el breve esfuerzo reinvidicador de Hipólito Irigoyen", ha sido consecuencia directa de la arquitectura legal que la Constitución levantó para la enajenación de nuestra riqueza.

Alberdi protegerá a la propiedad con un triple escudo para construir un sistema sólido como pocos en el mundo: a) no hay expropiación sin ley que declare la utilidad pública y previo pago de la indemnización; b) la confiscación queda borrada para siempre del régimen penal argentino, y c) ni siquiera en tiempos de guerra o de gravísimas emergencias pueden hacerse requisiciones ni exigir auxilios de ninguna especie. Estamos frente a un Dios "inviolable que se llama propiedad y que jamás en la historia del mundo gozó de privilegios e inmunidades parecidas".


Los buitres de la Tierra

Durante siglos, los criollos fueron ocupando tierras mostrencas, a saber, sin dueño anterior, meras parcelas del desierto deshabitado. O las habían obtenido luchando a sangre y fuego con los aborígenes que ocupaban parcialmente las posesiones y deseaban los bienes del gaucho. Pero era necesaria una intervención gubernamental, (un pecado
del credo liberal justificado por los fines), para redistribuir ese bien valiosísimo. Será Sarmiento en una de sus primeras medidas como Presidente, el encargado del "trabajo sucio". Así, en mayo de l869, deja establecido por Ley un "principio monstruoso", como dice Raúl: "El título de propiedad debe substituir a la simple ocupación". La consecuencia inmediata es el desalojo de la inmensa mayoría de la población agraria nativa. Miles de argentinos fueron condenados a vagar como nómades en su propia tierra, no habiendo cometido más delito que "haber nacido en la tierra que poblaban, de haber guerreado para manumitirla del coloniaje y de haber lidiado con el infiel en una disputa casi de hombre a hombre".

El final de la historia nos muestra la alianza de intereses entre comerciantes del círculo privilegiado del puerto e inversores extranjeros, hasta consolidar el sistema de latifundios que determinó en buena medida el atraso que todavía padecemos. La Campaña al Desierto de Roca completará la tarea de reparto de tierras por métodos nada transparentes. Por monedas, desde la disposición sarmientina hasta la expedición roquista, una nueva clase de grandes propietarios se apropia de la tierra con el amparo de la Constitución maternal y lista para operar directamente en las grandes cuestiones de la política nacional.

Por todo esto, Raúl Sacalabrini Ortiz desea una nueva Carta Magna. Perón puede hacerlo, porque las masas respaldan el proceso de cambio estructural: la magnitud de la reforma está en sus manos. El General ha dicho: "No hablemos más de la inviolabilidad del capital" y "Queremos humanizar el capital". Porque el capital, después de Dios, es el segundo ente eterno creado por el hombre: "pasa sobre las cosas perecederas sin perecer; pasa sobre los hombres mortales sin fenecer".

Raúl desea una revolución. Sueña con una Constitución devenida en llave mágica para revertir el atraso argentino. Cree en la fuerza de las palabras, su irresistible embrujo, como Moreno, como Castelli.

Scalabrini Ortiz piensa que la frase de Perón encierra el secreto del gran cambio. "La frase del General Perón al respecto de la humanización del capital entreabre un nuevo mundo de posibilidades técnicas y matemáticas en que parece factible una nueva relación entre los seres humanos".

Una Constituyente, legítimamente conformada, jura una nueva Carta Magna en 1949. Será derogada por una Constituyente afectada de nulidad absoluta e insanable en 1957.

Raúl cierra su conferencia con palabras que suenan a mensaje del Evangelista: "Constituyamos una sociedad organizada en base al respeto al hombre, de sus trabajos y de sus sueños. La Patria presente y la Patria futura sobre la que influirán estas determinaciones nos los agradecerán".


Por Sergio Julio Nerguizian, para El Ojo Digital Sociedad.

29/4/10

Fallo histórico en la víspera de nuestro Bicentenario

Inapariencia


III. Emperador Amarillo viajó hasta el norte del río Rojo, y subió al monte Kunlun. Pudo contemplar desde lo alto las tierras al sur. En el camino del retorno perdió su perla misteriosa. Despachó a Inteligencia para que la buscara, mas no la pudo encontrar. Despachó a Perspicacia para que la buscara, mas tampoco la pudo hallar. Despachó a Dialéctica para que la buscara, y tampoco éste fue capaz de encontrarla. Entonces envió a buscarla a Inapariencia, y éste sí la encontró.
-"¡Maravilla es -exclamó el Emperador Amarillo-. que sólo Inapariencia la haya podido encontrar!"

Zhuang Zi ("Maestro Chuang Tsé"). Libros exteriores: Wai Pian, Libro XII. Cielo y Tierra

Civilización y Barbarie


"La Barbarie, oh escandalizados doctores y financistas, es la Civilización impuesta a lanza y fusil de repetición."


Así comenta Fermín Chávez sobre Solané, drama gauchesco en tres actos, del que existen dos versiones, ninguna representada. Escrito por Francisco F. Fernández (quien cumplía funciones políticas para Ricardo López Jordán en Entre Ríos), está basado en una matanza de "gringos" acaecida en Tandil allá a fines del año 1871, realizada en manos de un grupo liderado por el mesiánico curandero Tata Dios (nombre real: Gerónimo de Solané). Chávez toma estos escritos para determinar aquello que fue (y creo que sigue siendo) el paradigma histórico vivido por Latinoamérica: la oposición civilización-barbarie y campo-ciudad. Por otro lado, su intención es rebatir aquella vieja tesis sarmientina, que pretendía "agringar" de un sólo golpe a toda la pampa. Para él, la función que venía a cumplir esta obra dramática en la cultura popular y la lucha cotidiana es la misma que la del Martín Fierro de Jose Hernández o el Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez.

Este nivel de análisis historico-literal forma parte de un ensayo escrito por el primer autor mencionado, llamado Civilización Y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina. El Bicentenario es para mirar al futuro y aprender del pasado, al menos eso creo yo.

Escena 2da del acto II en Solané:
"-Civilización de bayonetas y cadenas! civilización liberticida y corruptora, amasada con injusticias impunes, encomiadas por periódicos versátiles y cínicos, vendidos al oro manchado del mercenario inconsciente o sin pudor; civiliación fatal, trampa artificiosa, cuyas piezas maestras son gobernantes arbitrarios con los débiles, cobardes con los fuertes, sin noble carácter, sin elevada política; gobernantes cuyo único afán es prepararse un lecho de rosas, desde donde sin zozobras ni peligros puedan contemplar después, entre olas de sangre, a la sociedad que han precipitado en los horrores de la anarquía!"

Al parecer el contenido ideológico, el grito de guerra y muerte empleado por la banda de este curandero era puro fanatismo; al menos desde mi punto de vista. Dice Chávez: "Estancieros europeos y bolicheros gringos perecieron bajo el cuchillo de los juramentados, a quienes Solané les había prometido la salvación si derramaban 'sangre de extranjeros enemigos de la religión' ". De hecho en la obra de Fernández se habla en este mismo idioma contra quienes "miran al gaucho como a un fruto de maldición y de barbarie" y contra los "puebleros cajetillas". Así Solané le pregunta a sus discípulos si ellos creen que Dios los ha enviado "para curar las dolencias del cuerpo y salvar las almas religiosas, que los herejes masones contaminan, amparados por sus cómplices de frac y de entorchados".

El hombre barbudo (no bárbaro) y cómicamente vestido de la foto, es Lucio V. Mansilla, sobrino del brigadier general Don Juan Manuel de Rosas e hijo del general Lucio Norberto Mansilla, quien fuera gobernador de Entre Ríos y uno de los que cruzó los Andes (al mismo tiempo es Lucio N. quien depone al gobierno entrerriano de Lopez Jordán (padre) en 1821).

Coronel y literato, como todo hombre de renombre en esos tiempos, Lucio V. fue el que decidió incursionar la pampa, viajando desde los altos edificios, pasando los confines de la ciudad hasta los toldos donde vivían los ranqueles, para luego escribir su crónica.

Chávez: " La conciencia del choque entre civilización europea y barbarie americana, late en las páginas de don Lucio V. Mansilla, sobrino del dictador Rosas, por su madre doña Agustina Ortiz de Rozas, que fue hermana de Juan Manuel.
Mansilla parte de viaje hacia Oriente y Europa muy jovencito, y regresa al país en las vísperas mismas de Caseros -meses después del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas-. En las páginas de aquel relato titulado Los siete platos de arroz con leche, don Lucio nos cuenta su entrevista con el caudillo federal apenas llegado a Buenos Aires. El mismo se cuida de que lo imaginemos, joven de veinte años a la sazón, acicalado a la francesa y según la última moda de París, 'abrochado hasta arriba la levita?', entrando en la casona de Palermo ante la mirada socarrona de gauchos federales y de porteños que lo observaban 'como a un contrabando'.
Manuelita Rosas lo hace pasar a ver al tío, a una sala adornada de rojo punzó, después de cinco horas de amansadora. Es muy elocuente y expresiva en la narración una frase que Mansilla pone en boca de su tío materno al iniciarse el diálogo:

'Sobrino, estoy muy contento de usted... Sí, pues: estoy muy contento de usted porque me han dicho que usted no ha vuelto agringado...'


Ese agringado en boca de Juan Manuel resume en sí todo el contraste y el conflicto que la patria estaba experimentando: América y Europa. La pampa y las metrópolis ultramarinas.
Pero también en otras páginas , Mansilla refleja su conciencia sobre el problema. Así, en el ajustado y rotundo retrato de Sarmiento , escribía lo que sigue:

'El amaba la civilización y era bárbaro en sus polémicas de sectario intransigente. El amaba la educación y era inculto, a pesar de sus viajes, de su roce con las gentes, conservando siempre y en todo, la aspereza de las breñas sanjuaninas, de donde salió.'

22/11/09

5/9/09

La historia de un sable libertador



Antes de embarcarse para América, luego de dejar España para siempre, el entonces Teniente Coronel de Caballería don José Francisco de San Martín adquiere en Londres, seguramente a fines de 1811, el sable corvo que lo acompañaría durante toda su campaña en tierra americana.

La compra del arma, totalmente distinta en sus características a la Espada de Bailén, es índice revelador del espíritu que animaba al futuro Libertador desde el momento mismo del inicio de su nueva gran empresa.

La espada regalada por el Marqués de la Romana, en mérito a su actuación en la famosa batalla librada contra los ejércitos imperiales de Napoleón, era, sin duda, considerada como la del arma conferida en mérito y en tal sentido la debe haber conservado San Martín hasta su entrega al General Borgoño, en Paris, casualmente en el mismo año que confeccionara su testamento en el cual dejaba su sable corvo al General Rosas, como si presintiera ya muy cerca su muerte.

El arma que compra entonces en la capital inglesa es un fiel reflejo de su personalidad. Se distingue por sus severas líneas como por su sencillez, tanto de empuñadura como de la vaina, carente de oro, arabescos y piedras preciosas como gustaban usar entonces los nobles o altos jefes, en sus espadas.

Llevaba implícita, además, la practicidad de su futuro uso, pues estaba presente ya en San Martín el armar a sus escuadrones de granaderos con el corvo que su vasta experiencia guerrera le decía constituiría la mejor arma para decidir la victoria en una carga de caballería, especialmente en aquel tiempo y en aquel característico teatro de operaciones.

La esperanza sobre la eficacia del corvo en mentes lúcidas, corazones valientes y brazos fuertes, se convertirla en una hermosa realidad desde la misma llegada de San Martín a América en 1812, hasta que después de cumplida la hazaña de libertar tres naciones regresa con aquel glorioso sable a la Patria, luego del sublime renunciamiento de Guayaquil.

Retirado el héroe en su exilio voluntario en Europa, desde 1824, había quedado el sable en la que tierra mendocina bajo la custodia de una familia amiga.

Diez años más tarde, en diciembre de 1835, les escribe a su yerno Mariano Balcarce y a su Merceditas diciéndoles: “que si les encargo se traigan es mi sable corvo, que me ha servido en todas mis campañas de América, servirá para algún nietecito si es que lo tengo".

El sable lo acompañó desde entonces en Gran Bourg, primero y en Boulogne -Sur-Mer, después, hasta su muerte, acaecida el 17 de agosto de 1850.

Por carta fechada el 30 de agosto, Mariano Balcarce le escribe a Rosas expresándole, con referencia a la muerte del General San Martín, y de su testamento, lo siguiente: "como albacea suyo, y en cumplimiento a su última voluntad me toca el penoso deber de comunicar a V.E. esta dolorosa noticia, y la honra de poner en conocimiento de V.E. la siguiente cláusula de su testamento: "3ro El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla".

A su vez Rosas, en su testamento, dispone en la cláusula decimoctava: “A mi primer amigo el Señor D. Juan Nepomuceno Terrero se entregará la espada que me dejó el Excelentísimo Señor Capitán General D. José de San Martín (“y que lo acompañó en toda la Guerra de la Independencia”) “por la firmeza que sostuve los derechos de mi Patria". Muerto mi dicho amigo pasará a su esposa la Señora D. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad”.

A la muerte de Rosas, acaecida en 1877, ya había fallecido Juan Nepomuceno Terrero correspondiéndole, conforme a ¡a cláusula testamentaria, la posesión a Máximo Terrero, hijo mayor, y de Manuelita Rosas.

En 1896, el entonces director del Museo Histórico de la Capital, don Adolfo P. Carranza, solicitó por carta a Manuelita Rosas la donación al Museo Histórico del Sable del Libertador.

Con fecha 26 de noviembre de ese mismo año le contesta Manuelita Rosas de Terrero a Carranza, expresándole, en la parte fundamental de su misiva que: “Al fin m¡ esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido en donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del Sable del Libertador, debiera ser en el serio del país libertó” requiriéndole, posteriormente, el pedido oficial respectivo para el envío del sable.

Con fecha 20 de diciembre Carranza, conforme al requerimiento efectuado, se dirige por nota oficial a Máximo Terrero, pidiéndole la donación del Sable Corvo del General San Martín.

Con fecha 1ro de febrero de 1897, Terrero contesta la nota oficial al Director del Museo Histórico, expresándole en su parte resolutiva:

“Mi contestación es el envío de la prenda a Buenos Aires, acompañarla de una nota dirigida al Presidente de la República, suplicando a S.E. se sirva aceptarla en calidad de una donación hecha a la Nación Argentina, en nombre mío, de m¡ esposa, de nuestros hijos y al mismo tiempo manifestando el deseo que sea depositada en el Museo Histórico Nacional”.

En la nota dirigida por Máximo Terrero al Presidente de la República, doctor José Evaristo Uriburu, le expresa, en su parte fundamental:

“En virtud de esta solicitud, la presente tiene por objeto ofrecer a V. E. en su carácter de Jefe Supremo de la República, este monumento de gloria para nuestro país, siendo mi deseo donar a la Nación Argentina, para siempre, este recuerdo, quizá el más interesante que existe, dc su valiente Libertador”. “Suplico a V. E. se digne aceptar la ofrenda que hago a ¡a patria en nombre mío, de mi esposa Doña Manuela Rozas de Terrero y de nuestros hijos, y si bien en caso de ser aceptada la donación, nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín”.

En la misma época, con fecha 25 de enero, se extendió en la Legación Argentina de Londres, a cargo entonces del poeta Luis Domínguez, un certificado donde constan los sellos colocados en la que contenía el sable corvo, en su vuelta de regreso a América y en el que se expresaba:

“y deseando mandarla al Señor Presidente de la República Argentina para que se conserve en Buenos Aires perpetuamente, pide al Ministro de la República que suscribe, que haga poner el sello de la Legación para constancia, y para entregarla así sellada en Buenos Aires".

La caja conteniendo el sable corvo fue embarcada en el “Danube” de la Royal Mail, desde el puerto de Southampton para Buenos Aires, donde fue desembarcada, previo trasbordo desde la corbeta “La Argentina", el día jueves 4 de marzo de 1897.

El día anterior se había expedido el decreto respectivo, por intermedio del Ministerio de Guerra, en el que se expresaba:

“Buenos Aires, Marzo 3 de 1897.

El Presidente de la República decreta

Artículo 1ro: El sable que usó el General Don José de San Martín en las campañas de la independencia sudamericana, remitido al Presidente de la República por el Señor Máximo Terrero, y de que hará entrega el Señor Juan Ortiz de Rozas, se depositará en el Museo Histórico”.

Artículo 2do: La comisión de Jefes nombrados por el Estado Mayor General del Ejército hará entrega de dicho sable al Director del Museo Histórico”.

Artículo 3ro: Comuníquese, etc. Uriburu‑G. Villanueva”.

El sable trasladado desde el puerto fue entregado en el Salón de Ceremonias de la Casa de Gobierno al Presidente de la República, por el Señor Juan Manuel Ortiz de Rozas, en nombre de la familia Terrero. Posteriormente, el Presidente Uriburu lo entregó al Teniente General Donato Álvarez, Presidente de la Comisión Militar designada para tal evento, para que lo entregase al Museo Histórico Nacional.

Poco después, en dicho local, se formalizó el acto de entrega, labrándose el acta, que en su parte de interés, expresa:

“y procedieron a entregar en nombre del Excmo. Señor Presidente de la República una caja, dentro de la que estaba un sable y los documentos que comprueban ser éste el que perteneció al Libertador José de San Martín y que legado en su testamento al General Juan Manuel de Rozas, era donado por su familia a la Nación Argentina, para ser depositado en ese establecimiento”.

Recibido por el Señor Carranza, manifestó que “aquél sería colocado y guardado con la dignidad y atención que merece, como que era representativo de la gloriosa guerra de la emancipación americana”.

Así permaneció el sable corvo bajo custodia del Museo Histórico Nacional desde esa época hasta el 12 de agosto de 1963, en que fue robado por un grupo de delincuentes mediante un golpe de mano, invocando motivos políticos.

Pocos días más tarde, el sable fue recuperado, depositándoselo transitoriamente bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo. En oportunidad de concurrir al Cuartel de Palermo el entonces Presidente de la República, Doctor Guido, expresó:

“Señor Coronel Soloaga, no puede estar en mejores manos la custodia transitoria de esta sagrada reliquia histórica para nuestro país, que en este Regimiento de Granaderos a Caballo”.

Posteriormente, con fecha 17 de agosto de 1964, en virtud de un mandato judicial, se entregó el sable corvo, en sencilla y emotiva ceremonia al Museo Histórico Nacional.

Sin embargo, la serena paz que reclamaba con justicia la reliquia de todos los argentinos, fue quebrantada el 19 de agosto de 1965 al volver a ser robada, por segunda vez, del Museo Histórico Nacional.

Diez meses más tarde volvía a ser recuperada, depositándosela en el Regimiento de Granaderos a Caballo “General D José de San Martín”, donde fue colocada para su guarda y seguridad dentro de un templete blindado, construido al efecto, por donación del Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires.

Por decreto Nro 8756, del 21 de noviembre de 1967, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso su guarda definitiva en el Regimiento creado por el Libertador, el cual expresa:

CONSIDERANDO:

Que corresponde confiar el sable corvo del Libertador al Regimiento de Granaderos a Caballo “General D José de San Martín”, por ser la unidad que creara y la que más íntimamente está ligada, en el sentir popular, a su vida gloriosa.

EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA DECRETA:

Articulo 1ro: Transfiérase al Regimiento de Granaderos a Caballo la guarda y custodia definitiva del Sable Corvo del General José de San Martín

Artículo 2do: El presente decreto será refrendado por los señores ministros del Interior y de Defensa y firmado por los señores Secretario de Estado de Cultura y Educación y Comandante en jefe del Ejército.

Artículo 3ro: Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

ONGANÍA, MARIANO ASTIGUETA, GUILLERMO A, BORDA, JULIO RODOLFO ALZOGARAY, ANTONIO R, LANUSSE.

En razón de que en oportunidad de su entrega al Cuerpo para su custodia hubo reclamos de pertenencia del Museo, basados en aspectos legales inexistentes, conviene acotar que la donación efectuada es de las llamadas pura y simple y no con cargo, corno puede desprenderse del estudio del documento de donación.

Si se analiza jurídicamente el legado realizado por Terrero, se puede colegir que lo efectúa "en calidad de una donación hecha a la Nación Argentina, en nombre mío, de mi esposa, de nuestros hijos", según propias palabras y que luego ratifica en la nota al Presidente de la República, agregando que si “nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional”, no constituyendo bajo ningún concepto una dona­ción con cargo.

La mención relativa a la guarda en el Museo Histórico Nacional, que contiene la nota de donación, consigna tan sólo una expresión de deseos de los donantes que de ningún modo impone una obligación jurídica.

Debe tenerse en cuenta que en cualquier transferencia de dominio, la regla es que la misma sea plena, irrevocable e irreversible, circunstancia que hace que cualquier cláusula contraria a esa regla deba ser clara y precisa y que en caso de duda sobre la existencia de un “cargo” la interpretación restrictiva se impone.

En este sentido Salvat, en su tratado de “Obligaciones en General”, página 617, Nro 783, expresa que: “es necesario no confundir el cargo con ciertas manifestaciones de voluntad que no imponen una obligación jurídica", ilustrando ejemplificativamente tal afirmación.

Por otra parte se aprecia la inexistencia de “cargo” alguno en la donación que se analiza. Surge, asimismo, de las propias manifestaciones del donante, cuando expresa que es su deseo donar a la Nación Argentina “para siempre”; expresión ésta que indica que no se hace reserva para pedir en alguna eventualmente la revocabilidad de su donación, lo que de por sí descarta la existencia de un “cargo”.

Finalmente puede señalarse que si a la época de la donación se hubiere interpretado que ella era con “cargo”, lógico hubiese sido que el donante y donatario instrumentasen el acto mediante escritura pública de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 1810, inciso 3ro del Código Civil y conforme con la interpretación y alcance que a dicha norma le daba la doctrina entonces imperante.

También corresponde señalar que fue mediante un decreto firmado por el Presidente Uriburu la aceptación de la donación hecha a la Nación Argentina, lo que siendo un acto administrativo puede ser legalmente modificado su guarda por otro decreto emanado del Poder Ejecutivo Nacional.

Fuera de las razones formales y legales existe también una razón espiritual, más fuerte que ninguna, como lo es la consideración de que ese sable corvo fue adquirido y usado como símbolo de mando y ejemplo en la instrucción del Cuerpo de Granaderos a Caballo, del cual fue su creador y jefe el propio Libertador.

La vieja reliquia descansa definitivamente entre los muros del Cuartel de Granaderos, de los mismos que un día llevara a la carga en pos de la gloria y de la muerte, en aras de la libertad de la propia tierra y de las patrias hermanas de América.